Bienvenida

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Para todos, cada ciclo lectivo  renueva una vez más, el compromiso con la tarea de enseñar y las expectativas ante la posibilidad de modificar las estrategias e intervenciones de una manera más adecuada a las múltiples exigencias de nuestro trabajo. Nos da alegría y seguridad saber que compartimos esta disposición con la mayoría de los docentes de la Provincia de Buenos Aires.

“La escolaridad plena para todos los alumnos bonaerenses”

Esto implica recibirlos, acompañarlos, asegurar el recorrido por la Institución, con otras instituciones de diferentes niveles / modalidades y posibilitar las mejores condiciones de enseñanza para que ellos puedan aprender.

Creemos que estas acciones deben ir más allá del esfuerzo individual y de algunas voluntades. Es necesario conformar verdaderos equipos de trabajo entre profesionales con diferentes jerarquías y saberes, pero con un mismo propósito.

Nuestra premisa es Pensar y generar prácticas pedagógicas que pongan el centro en la educación como derecho.

Poner el foco en comprender a la educación como derecho implica tener como punto de partida la comprensión del otro como “sujeto de derechos”. El otro – alumno no es un sujeto incompleto, un futuro peligro social o un “portador de intereses”, sino alguien que posee ciertos derechos, con “derecho” a ejercerlos, ampliarlos, y sumar nuevos. Entendemos, entonces, que la función de la educación es brindar herramientas, experiencias, saberes, estrategias, etc. para llevarlo a cabo, las sociedades democráticas son aquellas que garantizan a sus miembros el “derecho a tener derechos”, la educación debe ser entendida como “un derecho que da derechos”.

En cierta forma, recuperar los “derechos de los sujetos” nos lleva a revisar algunas posiciones pedagógicas vigentes que ponen el centro en los “intereses de los sujetos” como el garante de construcción de mejores sociedades.

Nos propusimos enlazar la noción de “derecho a la educación” con términos como “amparo”, “cuidado” y “enigma”. Ahora, queremos sumar uno más: la generosidad. Educar debe ser, ante todo, un acto de dar. Pero no dar como el cumplimento de una ley moral o como una forma de “sentirnos buenos”, sino dar como una apuesta a los otros, como un acto de confianza.